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domingo, 23 de noviembre de 2014

DE NEO COLONIZACIONES EN TIEMPOS POSTMODERNOS DE "DESCOLONIZACIÓN": EPISTEME vs. SABIDURÍA

Ponencia presentada en el 3º Congreso, Cosmovisiones, Filosofía y Psicología 2014 “El discurso epistemológico de la descolonización frente al destino propuesto por la modernidad” (2 y 3 de octubre de 2014: Hall de la Vicepresidencia de Bolivia y ESFMTHEA).

Para hablar de epistemología  y descolonización primero debemos tener un entendimiento claro de estos términos: epistemología, sabiduría, ontología y postmodernidad.


                              Fuente: mundodesconocido.com

1. Algunas aproximaciones gnoseológicas

La epistemología que fundamentalmente tiene que ver con la filosofía  (origen griego (Parménides y Platón) significa el estudio del "conocimiento" (circunstancias históricas, aprendizaje sociológico y psicológico que llevan a la obtención de conocimiento). Y los criterios más usuales por los cuales se justifica o invalida el conocimiento son: la verdad, objetividad, realidad. Aquí ya tenemos un problema porque el conocimiento no considera la subjetividad.


En Grecia el tipo de conocimiento epistemológico (científico) se oponía a la doxa. La doxa era el conocimiento considerado vulgar u ordinario del ser humano, lo que llamaríamos conocimiento "popular", no sometido a una rigurosa reflexión crítica que daría la objetividad al conocimiento, es decir a la ciencia

   Fuente: grupoleibniz.com                                                Fuente: yalilisocialesedu.blogspot.com

Sin embargo, la sabiduría va a ser la aplicación de los conocimientos de manera inteligente a la experiencia propia obteniendo conclusiones que dan mayor entendimiento, que nos capacitan para reflexionar prácticamente, vivencialmente, sacando conclusiones que nos dan discernimiento de valores como ser: la verdad, la moral, la ética, lo bueno, lo malo, etc. Esto da lugar a un individuo con buen juicio, con sentido común.

Fuente: chilehumor.com
No solo es conocimiento, sino entendimiento para resolver problemas porque se ha experimentado, tiene mucho que ver con la propia percepción y por tanto con la experiencia objetiva y subjetiva (ejemplo: ser parte en una comunidad rural, migrar a la ciudad y ver cómo cambia la identidad; comprender la desigualdad de género desde la vivencia, así no sólo es en teoría sino por convicción, tratando de ponerse en los zapatos del otro). Recién desde esta vivencia se puede proporcionar consejos. Lo opuesto sería la inmadurez, para decirlo en palabras más fuertes: la estupidez, la locura. En la sabiduría se deben ordenar y discernir todos los conocimientos, es decir que actúa una memoria a largo plazo, experimental y comparativa; lo que se ha experimentado con suficiente frecuencia e intensidad como para que no se borre el recuerdo, se inserte en los esquemas de la consideración de lo bueno y lo malo; en otras palabras es lo que edifica a la persona. La experiencia personal está permanentemente unida a la adquisición de conocimiento, es un proceso de ida y vuelta: adquisición de conocimiento – experimentación – vuelta al conocimiento.

Por tanto existe una amplitud de conocimiento (integralidad, en forma de tejido y no separado) con la profundidad de entendimiento a través de la experiencia, lo único que proporciona sensatez y claridad de juicio que se traduce en el discernimiento: discreción, prudencia, moderación, que se plasman en la práctica, en la vivencia con el entorno, en el relacionamiento con el/la otra. Se sabe utilizar los conocimientos de manera positiva: percibir el entorno, escuchar a los demás, sistematizar lo que dicen (como lo dijo, por qué lo dijo, en qué circunstancias lo dijo), sólo así se puede opinar y/o aconsejar, y por tanto reflexionar con seriedad.
                                                                                                                Fuente: superateatimismo.com
Con la percepción que se haya obtenido en el proceso de sabiduría (conocimiento y entendimiento a través de la experiencia) se accede a la ontología que analiza las diferentes entidades que componen el Universo que, en realidad se trata de una construcción de cada individuo para proporcionarse a sí mismo una explicación existencial (la búsqueda de Dios, de las ideas que expliquen la propia existencia (de tipo mental) y de los sentimientos (de tipo emocional, místico). Y fundamentalmente, la relación entre estas identidades que expliquen de una manera coherente la propia existencia, entonces se trata de un proceso interior más que externo (metafísico) porque a pesar de que las entidades están divididas en abstractas (aquí nos interesa los conceptos) y concretas[1] (lo que nos rodea, lo que está fuera de nosotros: plantas, animales, montañas, planetas, etc.) dependen de la relación que tengamos con estos elementos. Sin embargo de acuerdo a cada contexto o cultura puede variar lo que es abstracto o concreto, dependiendo del conocimiento intuitivo y vivencial (percepción a través de las ideas y de las sensaciones) de cada individuo o grupo social; además de que las entidades abstractas dependerían de las concretas para cobrar significado.

En las culturas premodernas, esta relación de entidades tanto abstractas como concretas, se dio de manera integral, profundamente interrelacionadas y hasta fusionadas, mientras que en la modernidad están separadas, especializadas; sólo en la actualidad se hace el intento de construir una integralidad a partir de la antropología compleja en un contexto acostumbrado a la separación, al desglose, a la clasificación, a la especialización, y a lo lineal.

Para la modernidad, la ontología va a contemplar la entidad del sentido común que se refiere a las diferentes formas de analizar la existencia de algo, que van desde la identificación de algo hasta su desglose en moléculas, átomos, partes del cuerpo, células, etc. que no logra proporcionar un panorama completo de la identidad, dependiendo del grupo cultural, de sus expectativas y de su propia percepción ya que el “sentido común” no hace a todas las culturas ni a todos los tiempos ni espacios. Si hablamos de entidades concretas sí se puede pensar en conceptos comunes denominados universales (por ejemplo los adjetivos como dureza, suavidad, etc.).

La entidad mental es la más difícil de determinar ya que es abstracta (las ideas, el razonamiento, la memoria, incluso el sentimiento, actualmente incluso se habla de inteligencia “emocional”). Sin embargo, aquí viene el problema entre la visión moderna de la medicina para la que el cerebro es netamente material, y otras culturas en las que se conceptualizan las cosas que no se ven tan reales y objetivas como las que se ven o se pueden tocar. En este sentido, la mente resultaría casi imposible de abordarla como objeto de estudio de manera científica, de ser observada, por su inexistencia en el plano físico. Pero este problema sólo se presenta en la cultura moderna y no así en otras ya que para ellas la existencia de otros cuerpos (mental, emocional, espiritual) es tan objetiva como el cuerpo físico (se trata de una concepción metafísica).

Bajo este razonamiento, pensar y hablar de descolonización se refiere a “liberarnos” de un pensamiento racional epistemológico (conocimientos racionales) y recuperar por decirlo así, la doxa (conocimiento "popular") y por ende la sabiduría (recordemos a los sabios ancianos de las culturas ancestrales que guían o guiaban en su accionar a la comunidad).

2. La descolonización ¿utopía o engaño?

En nuestro país, y en general en América Latina[2], conviviendo lado a lado la cultura occidental moderna y las culturas ancestrales que se transculturalizan poco a poco, pues aparentemente se fusionan ambas miradas pero como la ciencia moderna tiene sus propios cánones racionales (creer sólo en lo que se ve, en lo evidente, además de tener una mirada lineal y aislada de los objetos y de los cuerpos), y está relacionada con las instituciones estructurales de la sociedad: Estado, derecho, sistema judicial, economía, academia, educación, salud, maneras de hacer política, e incluso el sistema religioso institucional contrapuesto a su discurso; llegado el momento arrasa con la otredad, con la doxa, con lo "popular", que más está guiada por la intuición inteligente y por la experiencia es decir por la percepción y el sentir. Entonces hablar de descolonización constituiría el desmontaje de todo este sistema racional moderno lineal, especializado, y recuperar y resignificar un sistema acorde a la segunda mirada, basada en la experiencia.

Pero ya hemos dicho que la cultura racional es la dominante pero no niega la existencia de otras culturas presentes en la cotidianidad de los no doctos/as e incluso en las prácticas de los doctos/as, entonces en este escenario es preferible hablar de un contexto postmoderno, en el que para “dar gusto a todos/as” predomina el individuo o ciertos grupos sociales pero ya no la sociedad homogénea puesto que viendo las tensiones entre estas culturas opuestas parece imposible pensar en un bienestar común: unos defienden la modernidad racional y otros lo ancestral intuitivo – inteligente[3]. Por ello me adscribo a la postmodernidad porque va más allá de la modernidad, en un sentido más amplio, no en un nomeimportismo sino en un contexto más donde conviven opuestos, pero no como una situación de desencanto sino como una posibilidad de convivencia entre diferentes, sin hallar e imponer paradigmas comunes por la imposibilidad de encontrar horizontes también comunes.

Así, parecería que la descolonización supuestamente funciona para ciertos grupos sociales en lo que se refiere solamente a la entidad mental o imaginario simbólico puesto que en el plano objetivo se vive en un contexto racional – moderno, en el que el Estado a pesar de querer “rescatar” aparentemente este pensamiento ancestral intuitivo en el imaginario social, resulta ser hegemónico en su accionar moderno racional occidental (neoliberal, tecnológico, consumista, etc.). Por ello, el discurso ideológico político del supuesto rescate (la oposición lo llama discurso “pachamámico”[4]) se convierte en un elemento más de consumo y de alienación, y su duración es breve no llegando a constituir un paradigma de mejoramiento y superación de los principales problemas sociales (pobreza, racismo, inseguridad ciudadana, atención médica y educación mediocres, etc.).


                                          Fuente: centrocultural.coop

En este sentido, como para el postmodernismo lo que importa es cómo se transmite el mensaje, es decir la forma más que el contenido del mensaje, y qué efectos produce este mensaje, lo que sale a la vista en el mensaje de descolonización de un individuo o un grupo (gobierno del MAS) que vive bajo los cánones de la vida moderna: ciudad, consumismo, leyes del derecho romano, instituciones, Estado neoliberal; en resumen una forma de ser “civilizada”, pero propagando un mensaje simbólico de una cultura premoderna agraria: campo, vestimenta de acuerdo a la vida en el medio rural, predominio de la naturaleza, el hecho de akullicar coca pero sin saber su significado ritual[5], etc.; es la forma y no el contenido. Así, entonces no existe una correspondencia ni coherencia entre el mensaje que se quiere dar y el contenido de lo que se vive, es decir entre la teoría (ni siquiera llega a la seriedad de la teoría, sino más bien se trata de una especulación) y el empirismo.

Al igual, la ciencia como está estructurada en base sólo al conocimiento teórico - libresco y no al conocimiento más el entendimiento y la experiencia como es la sabiduría ¿Cómo se podría “descolonizar” si el mensaje o discurso no corresponde a la propia vivencia de los supuestos descolonizadores/as?, más aun, si en la postmodernidad, por la extremada influencia de la epistemología de la cultura occidental se tiende a dar importancia solamente al cuerpo (que se ve y palpa), y no al ser integral (compuesto de partes que no se ven ni se palpan: espíritu, mente, emociones; aparte del cuerpo) del cual tienen plena convicción otras culturas.

Fuente: hoybolivia.com
Así, parecería que la descolonización resulta imposible por estas incongruencias que conlleva, siendo lo único que se consigue querer imponer una percepción de un ideal añorado pero no vivido, por cierto muy respetable, por quienes propugnan este discurso, pero también por muchos oportunistas arrimados al poder que nunca faltan; a quienes lo viven de algún modo en relación con su entorno, por ejemplo a los comunarios/as del área rural. Ahí pongo como ejemplo la imposición e instrumentalización política que se hizo por parte de los citadinos indígenas llamados “pachamámicos” a los comunarios de la región de Tiwanaku con motivo de la celebración del Año Nuevo Aymara diciéndoles cómo debían comportarse en las acciones ritualistas, que se olviden de su vivencia cotidiana sincrética para asumir un supuesto discurso de vuelta a los orígenes, imposible en esta “civilización occidental” que cada vez penetra más en la comunidad rural[6].

Por otro lado, también se cuenta con los hechos sucedidos con la intervención del Tipnis que, después de embaucar con el discurso del respeto a la Madre Tierra se violaron los derechos humanos de los propios dueños de esta ideología, es decir de los propios indígenas. Estas imposiciones más bien constituyen nuevas formas de colonización o neo colonizaciones ya que provienen de parte de indígenas instalados en el poder, a indígenas que no están en el poder, para este caso de indígenas de tierras altas hacia indígenas de tierras bajas.
                                     Fuente: poreltipnis.blogspot.com

Fuente: postlatino.com
Finalmente, para “descolonizar” o para salir de esta episteme racional y retomar a la sabiduría habría que desmontar toda la modernidad y hasta la posmodernidad y sus instituciones con su mirada racional, en especial el Estado, máxima expresión del modelo griego de conocimiento, y diseñar un nuevo modelo de gobierno que recupere formas horizontales de ejercicio democrático (por ejemplo la rotación de cargos en vez de la implantación casi eterna del caudillo) pero también la creación de una nueva epistemología que integre el circuito: conocimiento + entendimiento + experiencia tanto en el campo como en la ciudad, esto quiere decir: conocimiento + trabajo manual + trabajo intelectual = sabiduría; que le otorgue a cada quien su propia percepción existencial en sí, su propia identidad, y por ende su dignidad, lo cual lleva al paradigma tan soñado del respeto al otro/a y a su opción de vida dentro de los límites que impone per se el vivir en sociedad.



[1] La definición moderna va a ser de “objetos” que nos rodean.

[2] Tampoco es exclusivo de esta región del mundo puesto que es bien sabido que en el resto del mundo también existieron culturas ancestrales, cuya influencia continúa hoy por hoy, de alguna manera.

[3] No se debe confundir intuición con instinto.

[4] En alusión a la veneración de la Pachamama (aymara), Madre Tierra o Naturaleza.

[5] Por ejemplo en una oportunidad un expositor del Viceministerio de Descolonización en una presentación expresó que akullicar coca equivalía a seguir una moda, como es la costumbre de masticar chicle, cuando sin ser experto/a en el tema se sabe que la coca para las culturas andinas juega un doble papel de mediación: uno entre los participantes de una reunión para “hallar armonía y entenderse”, y dos, para comunicarse entre el espacio terrenal: Akapacha y el espacio de arriba: Alajpacha).

[6] Para mayor información véase Andia, 2012.

martes, 11 de septiembre de 2012

LA BODA DEL VICEPRESIDENTE EN TIWANAKU: UN ANÁLISIS DESDE LA POLÍTICA Y LA RITUALIDAD


Por qué Tiwanaku?

Las ruinas arqueológicas de Tiwanaku, población ubicada cerca de la ciudad de La Paz son consideradas como un lugar de mucha energía cósmica tanto por los comunarios como por intelectuales, especialmente de la disciplina de la arqueología, como por adeptos a corrientes ideológicas gnósticas esotéricas. También están intelectuales y políticos mestizos e indígenas urbanos quienes, por considerar a Tiwanaku como los orígenes y el centro de la cultura andina (puquinas, tiwanakotas, aymaras y quechuas) quisieron recuperar las prácticas andinas y fundaron movimientos y partidos políticos de corte indianista – kataristas guiados por el paradigma de lo que, en su momento se denominó, el retorno del Pachakuti y propugnaron la celebración del Año Nuevo Aymara en el solsticio del 21 de junio.

Lo paradójico de la situación es que en estas prácticas no participaban los pobladores – comunarios de las estancias rurales de la región ya que como producto de más de 500 años de colonialismo español sus prácticas en cuanto a la ritualidad son sincréticas (prácticas andinas y católicas, o directamente ya son sólo evangélicos) lo que no quiere decir que no tengan una visión holista particular de la espiritualidad. Solamente fue Rufino Phaxsi, lugareño y con conocimientos de medicina natural quien, en alianza con los grupos entusiastas por la recuperación de los elementos simbólicos andinos que se dicen son originarios, e incluso con agencias de turismo, pusieron en marcha de lo que después se denominó el Año Nuevo Aymara, celebración que posteriormente se extendió a distintos lugares del país.

El Consejo de Amawt´as como protagonista central

Ya por 1991 -1992 los comunarios de la región se rebelaron ante la participación individual que tenía Phaxsi y propugnaron un levantamiento a la cabeza de Valentín Mejillones, nacido en la comunidad de Corpa pero con residencia permanente en el barrio de Alto Lima de la ciudad de El Alto. Remarcar esto es muy importante porque las diferencias entre quienes viven en las comunidades y son agricultores y están en permanente relación la naturaleza no es lo mismo que haber nacido en la comunidad y residir en la ciudad. En lo simbólico se pierden ciertas representaciones y se adquieren otras, entonces la identidad cambia ya que esta desde el punto de vista del interaccionismo simbólico, corriente sociológica a la cual me adscribo, la identidad es procesual y no estructural ni estática, por más que se pertenezca a la misma etnia o raza, en este caso, la aymara.

En este contexto, se funda lo que se denominó el Consejo de Amawt´as de Tiwanaku, cuyos integrantes constituían y constituyen hasta el presente, representantes de las 23 comunidades que pertenecen al municipio de Tiwanaku. En algunos casos, estos representantes son “verdaderos” yatiris, que constituyen los magos, sabios o videntes para el mundo aymara. La señal que los legitima como tales, normalmente es haber sido tocados por el rayo, además de que son denominados los Mayores, por su experiencia y por su edad, en otras palabras porque poseen sabiduría por haber “caminado más…” el camino de la vida o thaki. Dentro del Consejo también están quienes son nombrados como representantes sin ser verdaderos yatiris, uno porque en muchas de las comunidades ya no se práctica debido a la penetración de las sectas evangélicas, o también están los denominados “aprendices de yatiris” pero que no están legitimados por una señal de la naturaleza. Ellos, además por su juventud y tener menos recorrido por el camino de la vida son denominados los Menores.

Esta diferenciación resulta muy importante ya que a la hora de poner en funcionamiento el Consejo quienes se apoderan de la celebración del Año Nuevo Aymara son los Menores, cuya lógica por estar más imbuidos de las prácticas racionales occidentales, además apoyados por ONGs católicas y evangélicas además del grupo de adeptos a la ideología del rescate cultural andino antes mencionado, son quienes llevan adelante esta celebración, diríamos para afuera. Toda esta manipulación y hasta imposición que se hace hacia los Mayores, para quienes, como se dijo resultan extrañas éstas prácticas, se convierte en una nueva forma de colonización ya que se llega a discriminar los saberes de los ancianos por ser considerados híbridos y no “puros”, como se pretende estructurar el nuevo ritual supuestamente “originario”. Estos saberes de los Mayores, hoy por hoy vendrían a constituir las prácticas para adentro, es decir en la comunidad.

Sin embargo, algo en lo que se debe incidir es que para los Mayores no parece ser importante la forma como se hace el ritual, es decir, como sabios que son consideran que si en el ritual se invoca a la Pachamama y a también a la Virgen María, no está mal porque lo importante es “con el corazón que se está invocando” y haber solicitado el correspondiente permiso o licencia a las fuerzas de la naturaleza para que éstas se manifiesten y otorguen sus bendiciones y fortunas. Pero eso sí quien hace la ceremonia debe ser “verdadero” yatiri o mago, y como ya expliqué antes, esto está legitimado por las señales que le otorgan la naturaleza, principalmente la caída del rayo (también pueden ser gemelos, haber nacido de pies, tener 6 dedos, etc.).

La mirada del Gobierno de Evo Morales desde la supuesta “recuperación” de la cultura andina

Como mencioné antes, en esta celebración del ANA han participado distintos partidos políticos sobre todo de corte indianista y popular. Entre ellos obviamente uno de los gobiernos que le dio mucha relevancia a la celebración es el de Evo Morales quien incluso fue investido con el bastón de mando por parte de uno de los Menores del Consejo de Amawt´as (Valentín Mejillones). En este sentido, este gobierno se ha propuesto recuperar los elementos simbólicos de lo que supuestamente se cree fue la cultura andina en un modelo estadocéntrico, así, a estas alturas desde mi punto de vista se ha caído en una neocolonización ya que se quiere imponer un discurso y religiosidad supuestamente andina sobre el sincretismo del que ya hablamos que viven cotidianamente los comunarios. Entonces, políticamente tienes esta mirada el gobierno, con un discurso supuestamente o diz que comunitario, se habla de la filosofía del Vivir Bien, del Sumaqamaña, etc., sin embargo se continúa en la lógica de la imposición, de la dominación, de la discriminación y el autoritarismo.

En este contexto, reclutan como aliados a los Menores del Consejo de Amawt´as que, hoy por hoy están divididos entre quienes apoyan al gobierno y aquellos que no, además que los Mayores ya están falleciendo y lamentablemente sus saberes no han sido suficientemente rescatados por los Menores, quienes imbuidos por la modernidad racional occidental ya adquieren otros valores, como ser protagonismo, personalismo, manejo instrumental del poder, precisamente valores bajo los cuales se maneja este gobierno a pesar de mantener un discurso de recuperación de valores ancestrales. Sin embargo, aún no se entiende que la filosofía de vida de los pueblos ancestrales se manejan bajo otra lógica, es holista, integral, intuitiva (de conocimiento directo), va por lo mágico religioso, mientras que la lógica occidental moderna tanto desde la política como desde la academia va fundamentalmente por lo racional. Y en este contexto, particularmente el vicepresidente Álvaro García, desde mi perspectiva fuerza dos lógicas o sistemas ideológicos provenientes de distintas matrices conceptuales,  uno que es el marxista racional occidental que si bien, es reivindicativo contra la opresión se sustenta en la lucha de clases y en la preponderancia o dominio de los dueños de los medios de producción; y otro el comunitarismo que, desde la óptica de la comunidad pasa por la lógica de la solidaridad, del pensar y fundamentalmente del sentir y actuar en colectivo, en reciprocidad, justamente del “caminar con buen corazón” que primordialmente tiene que ver con la espiritualidad y el sentimiento ya que, en realidad “todos nos debemos a todos” (don Policarpio Flores Apaza). Entonces, se podría decir que son dos caminos diferentes.

La acción de la boda como una muestra de esta “recuperación”

En este afán de recuperar la cultura andina frente a más de 500 años de opresión española, el vicepresidente parece querer mostrar mediante esta acción (su boda), un acto de “descolonización” (entre comillas), de reivindicación, de preponderancia de un Estado, evidentemente plurinacional, laico, pero al fin y al cabo dentro del modelo estadocéntrico; de una supuesta recuperación “para afuera” y desde afuera”, pero además “desde arriba” buscando alianzas con los ritualistas Menores de Tiwanaku, aprendices o finalmente quienes sin ser nada manipulan al Consejo de Amawt´as y al interior del mismo Consejo, pues, como se dijo, no se debe olvidar la diferenciación entre Mayores y Menores.  En este marco, se hace una utilización instrumental de los símbolos de la cultura andina, del Consejo y del mismo lugar de Tiwanaku, que pasa por la figuración, por el ego individualista, por el protagonismo, por el discurso político al estilo occidental y, como decía uno de los Mayores, ya fallecido, don Policarpio Flores Apaza, por el afán de mostrar como “show” la cultura andina, el decía, en palabras exactas: “Nuestra cultura no es un show”.

Entonces, que se está recuperando realmente??, la forma, pero no la esencia del mensaje de las culturas ancestrales, ya que ésta, justamente no pasa por el protagonismo ni por la búsqueda de poder político, ni por la figuración individual ni el manejo instrumental, más bien el camino señalado por los ritualistas que orientan a sus autoridades está marcado fundamentalmente por la unidad, la humildad (esto es muy importante), por el bienestar colectivo, por “no hacerle doler el corazón a nadie”, por el diálogo, por la aceptación de las diferencias y a pesar de ello apuntar a la unidad “como un solo hombre”, lo cual, por ejemplo, con el tema del Tipnis no ha ocurrido ya que en ningún momento el gobierno los ha escuchado y los pueblos indígenas justamente han expresado que ellos pertenecen a una cultura del diálogo, que, yo diría, es el mayor ejercicio de democracia que existe. En la comunidad, pueden estar horas de horas expresando sus diferentes puntos de vista pero llegado el momento se arriba a un consenso entre diferentes, por templo, para el caso de Tiwanaku, entre católico y evangélicos, que no es nada fácil.

Pero como no se trata de buenos y malos en ninguna historia, sino desde la posición ideológica que se está mirando la situación, el gobierno al estar inmerso en un modelo estadocéntrico no puede ejercer una democracia inclusiva, además de regirse por valores de la modernidad, individualistas, de competencia, etc., por lo que le es ajeno, en realidad, lo recíproco, lo solidario, lo colectivo, lo horizontal; y en última instancia lo único que conocer es la racionalidad, lo lógico y no el sentir, el sentimiento y el conocimiento directo intuitivo, base de la sabiduría de los pueblos ancestrales, que pasa preponderantemente por lo mágico, por el prodigio.

Tampoco se debe obviar de que el vicepresidente, en un esfuerzo, al parecer, de respetar lo simbólico religioso en cuanto al catolicismo implantado por la colonia en el imaginario de la población boliviana, también tendrá una ceremonia católica, nada más ni nada menos que en la iglesia de San Francisco, construida y representativa de la colonia. Por lo cual, implícitamente existe un reconocimiento del sincretismo que vive el pueblo boliviano ya que, a estas alturas, negarlo sería rayar en la ignorancia porque, nos guste o no, lo mestizo o híbrido está fuertemente instalado en el imaginario de la población boliviana y además, no sólo pasa por el pensamiento, si no por la fe que, no pasa por la racionalidad sino por la subjetividad, y ahí si hay que tratar el tema con pinzas ya que nos remite a la identidad, y en última instancia a la espiritualidad o “camino” (thaki) de cada persona, el “otro” de lo racional, de lo lógico, lo que no se ve de lo que se ve.

Finalmente, desde esta matriz conceptual que constituye el sentimiento y pensamiento andino, al margen de que sean Mayores o Menores, “verdaderos” yatiris (tocados por el rayo) o aprendices de yatiris del Consejo de Amawt´as de Tiwanaku, quienes hagan la ceremonia del casamiento del vicepresidente, para que las energías positivas superiores del Universo o Alajpacha se manifiestan y derramen sus bendiciones sobre la pareja, dependerá fundamentalmente del “corazón con que hagan la ceremonia” quienes lo hagan, y también del “corazón con que estará yendo a pedir el vicepresidente y su novia” a las fuerzas superiores (esto también es así dentro de otras religiones), ya que en el rito es un medio para que se manifiesten energías positivas o negativas, dependiendo de las intenciones de quien pide y quien media, respectivamente. Eso sí, algo sin e qua non es primero pedir permiso o licencia, perdón y agradecimiento para luego hacer la respectiva petición, esto es lo sacro, el camino directo entre el ser humano y el Gran Espíritu.

En ello, nadie puede saber “con qué corazón está yendo el vicepresidente” pero según estos códigos no habría por qué preocuparse realmente ya que si se va a pedir con buen corazón, las energías superiores se manifestaran e irradiarán no solo a la pareja sino al país en su conjunto. De lo contrario, en palabras de los Mayores “tarde o temprano el malo cae por su propio peso” como sucedió con uno de los Menores (Valentín Mejillones quien está preso por delitos de narcotráfico), y todo lo que se hace siempre retorna, sea para bien o para mal, es la ley de la naturaleza, y esa es la visión o vivencia holista, característica de las culturas ancestrales.

martes, 27 de marzo de 2012

Situación del contexto Nacional y el rol de las Organizaciones Sociales en el actual Proceso de Cambio

Sobre las temáticas que nos ocupan, a nivel general en el contexto del Estado boliviano plurinacional se tienen los lineamientos de la CPE (Constitución Política del Estado) y del PND (Plan Nacional de Desarrollo) enmarcado en la filosofía del “Vivir Bien”, y específicamente de la transversalizacion de género, el PNIO (Plan Nacional de Igualdad de Oportunidades) producido por el Viceministerio de Igualdad de Oportunidades - Ministerio de Justicia. También están distintos acuerdos internacionales que hacen a la interculturalidad como transversal, por una parte y otros referidos a la transversalizacion de género, pero en esta ocasión no vamos a incidir en ello. El tercer gran elemento es el cuidado del medio ambiente que sin provenir necesariamente de la idea del respeto a la madre tierra, constituye una necesidad para el capitalismo decadente porque ya se trata de una cuestión de sobrevivencia del planeta en general.
Creo que se trata de algo delicado y complicado a la hora de hablar de derechos articular interculturalidad y género, y por tanto los conceptos de descolonización y despatriarcalización.
Por un lado, en un país permanentemente colonizado como Bolivia hasta nuestros días (por distintos actores: españoles, iglesias, instituciones, el Estado mismo etc.) pero que además antes de la venida de los españoles ya existieron otras conquistas, por ejemplo de los quechuas hacia los aymaras, tiwanakotas, puquina, etc. actualmente se tienen distintos imaginarios simbólicos provenientes de esta ancestralidad pero además con la permanente ilusión de alcanzar una meta enmarcada en la modernidad y por ende un desarrollo económico industrial (al estilo occidental) cuando ya el mismo sistema moderno occidental esta en una etapa de decadencia (no será inminente pero sí en franco descenso). Nos guste o no, estos distintos imaginarios simbólicos híbridos están ahí, cohabitando conjuntamente en nuestra mente, en distintos niveles, conciente y/o inconcientemente. Entonces, qué es lo que podemos rescatar o “recuperar” haciendo necesariamente una depuración o tamizado? Esto, con el objetivo de armar nuevos imaginarios positivos pero híbiridos ya que responden a la realidad y no caer en purismos. En realidad, ya es hora de que nos liberemos de la culpa, del estigma de ser colonizados/as. Creo sí que se trata de reconstruir (descolonizar) pero sobre todo de construir una nueva identidad, recuperando, resignificando y reinventando una red de valores éticos y morales (solidaridad, respeto decencia, por cierto: valores de las culturas ancestrales) que dignifique a los seres humanos y que, por el contrario, no los cosifiquen, como sucede ahora.
Por otro lado, se tiene el patriarcado presente de alguna manera en las sociedades que precedieron a la llegada de los españoles (que fueron eso en su mayoría varones españoles). Si bien, esta llegada de los españoles refuerza o se impone como sociedad patriarcal, en las sociedades que la antecedieron si bien no se trata de la misma relación de pareja donde la mujer es considerada como una propiedad del varón, también existió la cosificación de la mujer (ej.: regalo de mujeres por parte de los incas hacia sus pueblos conquistados, y también a los conquistadores españoles).
Actualmente, para no meternos a hablar d la ideología marxista y de las distintas clases sociales muy presente en el siglo pasado (sería otro tema de discusión muy grande) vamos a tocar el punto de que el actual Estado plurinacional plantea la filosofía del “Vivir Bien” cuyo principal paradigma es la “recuperación” de la armonía y el equilibrio de una manera holista, es decir no sólo entre los seres humanos sino con toda la naturaleza (cuidado de todo ser vivo y el medio ambiente). Pero todo ello es precisamente una filosofía, algo estático como si no hubieran sucedido cambios en los imaginarios y por ende en la cotidianidad de vida de los seres humanos: hombres y mujeres. Esta bien es el ideal a alcanzar: rescatar lo comunitario, relaciones igualitarias entre blancos y/o mestizos, además hombres, en resumen quienes se adscribieron antes a la modernidad y a la llamada “civilización”, y los llamados indígenas (no estoy de acuerdo con este término porque sigue siendo desde el punto de vista del ser humano “oficial” o legal moderno, civilizado), igualdad entre hombres y mujeres (aunque esta relación continúa invisibilizada en la CPE y en el discurso político del gobierno (apenas existen 10 artículos referidos a la igualdad de género y hay ausencia en el PND) y además está invisibilización reforzada por la idea de complementariedad existente entre la pareja (chachawarmi), idea también presente en los pueblos de tierras bajas pero sobre todo como que la familia nuclear es preponderante, no nos olvidemos reforzada o hasta creada por la iglesia cristiana, ahí vemos nuevamente una hibridez cultural. En este sentido se ha elaborado el PNIO (Plan Nacional de Igualdad de Oportunidades) que aún no logra encontrar un verdadero eco ni en las propias instancias gubernamentales porque a la hora de hablar de derechos igualitarios de la mujer existen alianzas encubiertas, no dichas entre el género masculino de derecha e izquierda y de mestizos, blancoides y los propios indígenas, y hasta incluso entre mujeres.
Pero no nos olvidemos que esto del Vivir Bien es eso, un paradigma porque a la hora de analizar la vivencia y accionar tanto de mestizos, blancoides así como de indígenas se continúa en esa permanente carrera hacia la supuesta “civilización” y modernidad expresada sobre todo en intereses económicos individuales, sed de acumulación de riqueza material y de poder económico y político, y no así de valores éticos y morales ligados al ejercicio del control social (que es lo que se pretende en el paradigma del Vivir Bien que al parecer regían a los pueblos antes de la llegada de los españoles). Esto aunque duela llega hasta las comunidades indígenas rurales y más aún al o a la indígena que migra. En este sentido, si bien se preservan prácticas como la reciprocidad y solidaridad, valores propios de la vida comunitaria, éstos tienden a quedarse en discurso en la medida en que la modernidad occidental capitalista e individualista penetra de manera contundente en los imaginarios de todos y todas.
Por ejemplo no es suficiente mostrar la vestimenta propia de una cultura cuando los intereses ya no son comunitarios sino que se transforman en individualistas. En este sentido, también es importante mirarnos a nosotros y nosotras mismas (mestizos y blancoides, clases medias y élites) que muchas veces adoptamos determinados discursos (en el pasado podía ser una ideología marxista, hoy puede ser el indianismo o el indigenismo, el Vivir Bien, pero estamos dispuestos/as a cambiar? A dejar nuestros intereses individualistas y recuperar los valores comunitarios (no solo en el ámbito rural sino también en la ciudad)? Además de convivir indistintamente entre unos y otros, me refiero a no mirar siempre al “otro/a” como carente de algo, pobre, “incivilizado”, etc. sino a convivir de tal manera (por ej. formar pareja) entre mestizos/as y blancos con indígenas, apuntando a la descolonización mental expresada en las prácticas antes que en un discurso. Pues todos y todas, en mayor o menor medida estamos colonizados/as, no se trata de buenos y malos sino de la perversidad con que llega la modernidad a uno o a otro grupo, de acuerdo a su mayor o menor relación con los valores egoístas y competitivos de la modernidad, que van desgarrando y mellando la dignidad y lo que es peor, la identidad de la persona. Entonces, la pregunta es: como recomponemos lo comunitario en un contexto moderno?
En eso habría que pensar, al final para alcanzar relaciones horizontales, de igualdad con respeto a la diferencia, no se trata de un discurso o una vestimenta o akullicar coca sin conocer el sentido del akullicu sino, creo yo de deponer actitudes egocéntricas y aceptar y respetarnos entre todos y todas en un contexto de poder compartido y rotativo. Aquí, también incido en la relación de mujeres y hombres en determinados contextos culturales en los que se pueden respetar prácticas culturales siempre que éstas no dañen la integridad humana de las personas que casualmente siempre resultan ser las más damnificadas las mujeres, y además por las propias mujeres, en las cuales ha penetrado tanto la idea cristiana de que la mujer se formó de la costilla de Adán que, muchas veces no se concibe otro tipo de relación entre hombres y mujeres, además siendo formadoras de hijos e hijas en ese sentido. Esta idea está muy presente también en lo que hoy son los pueblos indígenas en los que si bien filosóficamente todo ser de la naturaleza tiene sexo (es masculino o femenino y se complementan) la mujer resulta siendo el complemento del varón pero no en una relación horizontal sino como un objeto que le pertenece al varón, del cual puede usar a su antojo produciéndose así la violencia que debería ser tratada, aparte de estructural, como una transversal ya que se da en todo ámbito (privado y público), no solo en la relación de pareja, sino en el ámbito económico laboral, político, de salud, educativo, etc. Por ejemplo, no saber o no tener la voluntad de escuchar al otro u otra también es una forma de violencia.
En síntesis lo que sí se debería recuperar de las culturas ancestrales son los valores éticos y morales que hacen al bienestar de la colectividad, de lo comunitario respetando los derechos individuales, sin caer en intereses individualistas. Esta, a la larga, será una condición “sine qua non” para la supervivencia humana y no para el predominio de una determinada formación cultural sobre otras.
Así, un canal de descolonización y despatriarcalización tendrían que ser las organizaciones sociales pero también las instituciones comprometidas con estas causas, sin embargo muchas veces los intereses individualistas y la consideración automática de que no puede haber otro sistema que el capitalista, acumulador y consumista, dañan u opacan el paradigma de lo comunitario, o se da una autoutilización para conseguir fines que no siempre benefician a los pueblos que representan en la creencia que el sistema capitalista es el único que brinda bienestar y en última instancia, “felicidad”, cuando en el fondo es un miedo al verdadero cambio, miedo a lo desconocido, miedo a perder la supuesta seguridad a la cual nos ha acostumbrado este sistema.
Cuando hablamos de empoderamiento estamos hablando de la carencia de algo del otro/a, del subsumido/a, de la ilegalidad, y estamos hablando también de su incorporación a la modernidad, ciudadanía activa al estilo occidental, como si quienes trabajamos con estas poblaciones fuéramos poseedores/as de la verdad. entonces ahí nuevamente el discurso del Vivir Bien se queda en eso, sólo en discurso porque de una u otra manera la ciudadanía activa constituye una mirada desde la modernidad oficial, es participar en algo dirigido a un supuesto desarrollo, ver el avanzar como algo lineal y no como algo en espiral (de avance y retorno). Aquí, no digo que no sirve sino que se tiende a trasgredir e invalidar las formas propias culturales híbridas de determinadas sociedades, desde arriba y desde afuera. Si, es necesaria la ciudadanía activa pero tendiendo a un encuentro entre los valores indígenas (que ya hemos dicho que también son híbridos) y los de la modernidad, encuentro en igualdad de condiciones entre lo que significa lo comunitario y los derechos individuales y no individualistas de la ciudad (descolonización). Mutuo aprendizaje entre las organizaciones sociales y las instituciones, considerados de forma igualitarias los denominados saberes y los conocimientos. En vez de sólo considerar los proyectos con indicadores, medición, etc, propios de la racionalidad occidental, considerar en igualdad de condiciones los llamados saberes: pronósticos, lecturas en coca, prácticas de la magia, etc., como conocimientos intuitivos que complementan al conocimiento racional.
En el mismo sentido va la participación política, que es un objetivo válido si hombres y mujeres indígenas participan y hacen valer sus propias formas de organización (rotación de cargos, jerarquías, ejercicio de justicia indígena, etc.) en sentido igualitario y equitativo. Además, debe ir acompañado de reflexión y acciones que incidan en el nudo gordiano que constituye el trabajo reproductivo y de cuidados, considerado como exclusiva responsabilidad de las mujeres, cuando se debería trabajar en la educación de la distribución igualitaria de responsabilidades en el hogar y en la deconstrucción de patrones culturales que naturalizan las desigualdades, para que así tengan el mismo nivel de participación y protagonismo, hombres y mujeres en los ámbitos privado y público. En este sentido, el cambio en el imaginario simbólico se hace extensivo a hombres y mujeres de las organizaciones sociales y políticas, considerando a las mujeres en igualdad de derechos y no servirse de ellas para la consecución de sus objetivos (utilización como grupos de choque, celarla con el dirigente, buscar su protección los dirigentes varones en las mujeres como en sus madres, etc.). Esto se hace extensivo al relacionamiento de hombres y mujeres en las instituciones que trabajan con dichas organizaciones.
Por ejemplo, cuando se habla de violencia repito, ésta debería ser tratada como una transversal ya que no solo existe la violencia sexual y siempre entendida dentro de los significados y connotaciones que le da el entorno cultural en el que vive actualmente. Comprensión por parte de hombres y mujeres de la cosificación y consideración de objeto de propiedad que se tiene de la mujer teniendo en cuenta los significados culturales para una zona a otra en las distintas construcciones simbólicas. Por ejemplo entre los quechuas que afirman: “así nos queremos, nos pegamos por siempre”, o la práctica del repasando: intercambio de parejas que se da entre los sirionó, el papel que cumplen los “padrinos” en resolución de casos de violencia en la zona andina, la consideración de que cuando la pareja se casa ya constituyen una sola unidad por eso se les hace comer de un solo plato (zona andina); o las particularidades del ejercicio de justicia indígena en las tres zonas, la resolución de conflictos en la comunidad, la utilización de las redes sociales, el chisme, etc. como formas de control social. La tendencia a la conciliación de la pareja después del ejercicio de violencia contra la mujer, lo que la pone en una situación de desigualdad. En resumen se debe hilar fino y considerar estas peculiaridades a la hora de la deconstrucción de las desigualdades genéricas.
En cuanto a los derechos sexuales y derechos reproductivos, lo mismo, se debe considerar sus propias prácticas, como ser el aborto o la planificación familiar a partir del consumo de hierbas, mates, etc. Tratar temas como el goce de la sexualidad por la mujer, como ya se ha dicho se trata de recuperar, resignificar y reinventar. Ver la cultura como distintivo pero no como un mecanismo de opresión, sobre todo de las mujeres y obviamente de los indígenas. Se trata de ver las desigualdades de género pero también la consideración de la complementariedad de la pareja, derechos iguales para ambos, de personas individuales pero no individualistas. Complementariedad en el marco del respeto y no la mujer como complemento del varón.
Como señala la CPE estos derechos deben ir unidos a la autodeterminación de gobierno, autonomía territorial desarrollo de sus propios proyectos, ejercicio de su propia justicia en un encuentro igualitario y equitativo en relación a la visión de racionalidad occidental de quienes proponen u orientan como son las instituciones.
Finalmente, el uso de recursos naturales controlado bajo normas comunitarias, producción orgánica uso controlado de tecnología, precio justo a productores y productoras, especialmente a éstas ultimas ya que generalmente son quienes se hacen cargo de la agricultura y son mal pagadas, menos que a los hombres. Todo ello ligado a la soberanía alimentaria. En el caso de la territorialidad, habría que tener en cuenta las diferencias en cada zona (Andes, Amazonía y Chaco) en el acceso a tierra y territorio.